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Aurelio-René de Nicolás



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Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.



sábado, 27 de marzo de 2010

EL VALLE DE LAS REINAS

Ta Set Neferu, o la Sede o el lugar de la belleza, fue el nombre que recibió la necrópolis donde fueron enterradas las reinas y los príncipes durante las dinastías XIX y XX. Aunque si bien es cierto que se han localizado las tumbas de la princesa Ahmés, de príncipe también llamado Ahmés y de un salto funcionario llamado Amen-Hotep que fue Visir durante el reinado de Tutmosis I, entre otras, todas ellas datadas en la dinastía XVIII.

El Ta Set Neferu o Valle de la Reinas y que en la actualidad recibe el nombre árabe de Biban el-Harin, se encuentra situado al suroeste del Valle de los Reyes.

El Valle de los Reyes estuvo consagrado a la diosa Merseget, la que ama el silencio. Pues bien, del mismo, Ta Set Neferu estuvo consagrada a otra diosa a la diosa Hat-Hor.

El jesuita Sicard, como ya recordarán fue el primero que identifica la actual ciudad de Luxor con la antigua Tebas, pero no da importancia a los monumentos que se encontraba en la otra orilla. La primera vez que se visita el Valle de las Reinas y se descubre como tal fue en 1816, cuando Belzoni localiza la primera de las tumbas reales, se trataba de la tumba de la reina Tyti QV 52, que había sido saqueada en la antigüedad. Al no encontrar objetos de valor, Belzoni decide no seguir profundizando en el valle pues piensa que carecía de interés.

El primer estudio profundo del Ta Set Neferu se debe a los viajeros y anticuarios Roberto Hay y Linplum durante 1826 que realizan una serie de apuntes sobre las tumbas que localizaron en el valle. Como por aquel entonces aún no se habían descifrado la lengua jeroglífica se dedican realizar una copia fidedigna de los cartuchos y de todos los textos que localizan. La copia de estos manuscritos en la actualidad se encuentran en la biblioteca del Museo Británico de Londres.
En 1828 uno de los grandes precursores de la egiptología moderna, el inglés John Gardner Wilkinson recorre el valle descubriendo 24 tumbas.

Por aquel entones el valle comienza a mostrar cierto interés para los egiptólogos y en 1829 se envía la primera expedición científica, la franco-toscana, al frente de Champollion y Rosellini, que descubrirán e identificarán las tumbas que ya habían sido descubiertas por los anteriores así tenemos las tumbas de : Sat-Ra, Isis, Tyti, Nebet-Tauy, Merit-Amón, Bentanta.
Entre los años 1842-1845, recorre el Valle de las Reinas lo que se ha venido a llamar “la eficacia prusiana”, al frente de la cual estaba el célebre egiptólogo Carl Richard Lepsius, que durante cuatro años recorrerá el valle, documentándolo, y recuperando numerosas piezas, muchas de las cuales terminarían siendo la base del comienzo del futuro Museo de Berlín. Lepsius, inicia la exploraciones en el valle a finales de noviembre de 1844, haciendo un nuevo inventario de todas ellas. Lepsius localizaría la tumba QV 80 que ya había sido marcada por Hay y Wilkinson, pero curiosamente ignorada por Campolión y Rosellini.
La QV 80 correspondía a la reina Mut-Tuya, esposa del Sethi I y por lo tanto, madre del afamado Ramsés II.

Entre los años 1853-1857 otro prusiano se hace cargo de los trabajos que se estaban realizando en el Valle: Heinrich Brugsch, que realiza importantes descubrimientos, pero quizás el más importante es que fue el primero en explorar la gruta que se encontraba en la montaña en cuyas laderas se encuentra el Valle de las Reinas.
Así llegamos a principios de este siglo. A partir de 1903 se hace cargo de los trabajos a realizar en el Valle de las reinas, la Misión Arqueológica Italiana, al frente de Ernesto Schiaparelli, que era el Director del Museo Egipcio de Turín.
La Misión Arqueológica Italia fue la primera de todas las que habían pasado por allí que realizó una excavación sistemática en el Valle, y esto fue debido a que Schiaparelli contó, durante cinco años, con un magnífico colaborador como fue Francesco Ballerini, que aplicó el rigor sistemático propio de la escuela oriental germana cuyo modelo seguía. Los primeros años de campaña de la misión Italiana fueron duros, pues carecían de medios, vivían en tiendas de campaña….
En esta primera campaña descubren la tumba de la reina Sat-Ra, QV 38, esposa de Ramsés I y por lo tanto madre de Sethy I, la tumba QV 30, que es anónima y las tumbas más importante, la QV 43 y 44, nada menos que la tumba de Ja-em-Uaset, y la de Seth-her-jepesef, hijos de Ramsés III, Fueron localizadas con sus sarcófagos y con un extraordinario mobiliario funerario.
Estamos ya en 1904. Durante la segunda campaña descubren la tumba QV 55 perteneciente al hijo real Amon-her-jepesef, hijo también Ramsés III.
Pero la sorpresa salta en esta segunda campaña, cuando descubren la tumba de la Gran Esposa Real, Señora de las Dos Tierras, Nefertary Merit-en-Mut. La joya del Valle de las Reinas.
Los años siguientes y aún en la actualidad se sigue trabando en este valle y aún nos tiene que deparar muchas sorpresas.
En las pocas diapositivas que hemos ido viendo y para aquellos que conozcan en persona el Valle de las reinas, se habrán hecho la misma pregunta que me formulé yo la primera vez que visité el Valle y la misma que se hicieron otros antes yo. ¿Por que las pinturas que cubren las paredes de este valle se encuentran tan deterioradas? ¿Por qué el visir del faraón aconsejaría a este que sus amada esposa y sus hijos fuesen depositados en este valle de caliza tan pobre?

En el valle se han encontrado numerosas tumbas pero muchas de ellas fueron abandonadas al comienzo de su excavación por problema de derrumbes ya que el terreno, de caliza muy frágil no era apto para este tipo de perforaciones. Además de este problema asistía otro, y era que con relativa frecuencia caian trombas de agua que corrían por el valle arrasándolo todo. Pero a pesar de esto, muchas fueron construidos y algunas con mejor suerte han llegado hasta nosotros.
Bien, sin duda, la respuesta del porqué se construyeron en este lugar las necrópolis de las reinas así como las de sus hijos, debamos encontrarla en la propia consagración del lugar a la diosa Hat-Hor.
El primer peligro que tuvieron que sortear los arquitectos del rey fue el de los aguaceros. En dirección al oeste construyeron una especie de dique-presa que en la actualidad se encuentra derrumbado. Subiendo por él se llega al fondo del Valle, frente a la fachada de la gruta, perforada por una alta y estrecha abertura, quedan restos de una presa más pequeña. La Dra. Cristiane Desroches-Noblecourt ha investigado durante los últimos años y descubrió que tras esta presa más elevada se encuentra un tercer muro formado por bloques que dan al interior de la majestuosa gruta y que recoge el agua de la lluvia y que al rebosar forma una magnífica cascada.
Sin duda los antiguos sacerdotes vieron en este fenómeno natural una predestinación que encarnaba a la propia diosa Hat-Hor que pasaba de ser la muerte temida a ser el amor deseado. Ella acogía a los difuntos y los enlazaba irresistiblemente en el seno de sus entrañas para devolverlos haciéndolos nacer de nuevo para la vida eterna.
Cuando el agua de la tormentas desembocaba por la cascada y corría con su máximo caudal hasta el dique construido en la parte mas baja, podían reconocer en ella las aguas del renacimiento que escapaban del seno de la gran diosa, en el momento del parto celeste.
Este inmenso juego de la naturaleza, que según pensaban y creían los antiguos egipcios, una mano divina había modelado, debió representar un papel de extraordinaria importancia en toda la zona. Las riadas benefactoras debidas a la diosa Hat-Hor, que se producían en la zona eran conocidas ya desde la antigüedad, pues se sabe que el arquitecto de Amen-Hotep III, el gran Amen-Hotep hijo de Hapu, hizo construir el templo de Millones de Años de su señor en un eje perfecto que conduce directamente hacia la gruta del Valle de las reinas.
Pero volviendo de nuevo al Valle, si nos adentramos en la gruta, esta forma una especie de abrigo donde fueron localizadas numerosos grafitis que se remontan hasta el periodo predinástico. Esta gruta en algún momento del año debía recibir visitas a decir por la cantidad de pintadas e inscripciones que han sido localizadas. Estas pinturas, según los expertos, quieren ver en ellas una especie de ex-votos dejados allí por los peregrinos. Todas las inscripciones hacen referencia a lluvias torrenciales o al “agua del cielo” como lo llamaban los antiguos egipcios:

La Misión Arqueológica Francesa al frente de la Dra. Cristiane Desroches Noblecour, continuó con sus investigaciones e hizo una serie de prospecciones en la gruta. Después sacar mas de un metro de tierra y cascotes sin encontrar nada la Dra. Desroches estaba convencida que gruta había sido realizada por la mano del hombre. Al quitar unas rocas que con toda seguridad se habían desprendido de la montaña localizaron tres cuerpos que habían sido sepultados por un antiguo alud de piedras. Cerca de los cuerpos fueron localizadas unas vasos de barro que fueron datados en la dinastía XIX, por lo tanto el accidente ocurrió durante este periodo.
Cuando la Misión Francesa llegó al fondo de la cuenca, la gruta en total tiene aproximadamente unos 25 metros, comprobaron que las paredes de la gruta presentaba un color rojizo, y que en tres niveles superpuestos comenzaron aparecer mezclados con barro numerosos fragmentos de vasijas de color ocre rojo. Las vasijas presentaban una “rotura ritual”. Junto con estos vestigios de alfarería aparecieron restos de pezuñas de asnos, huesos de cerdo, huesos de pata de ternera, cornamentas de un tipo de cérvido, cáscaras de huevos de avestruz.
La Dra. Desroches-Noblecour, sostiene que este lugar era una santuario, y estos eran los restos de las ofrendas realizadas para evitar accidentes durante el embarazo. Según su teoría este lugar representa el regazo de la madre divina Hat-Hor. Pero hay más. Se sabe que el niño real, desde el comienzo de la historia de Egipto estaba identificado, con varios aspectos de contexto animal y vegetal. Así por ejemplo se le identifica como “el joven ternero”
, o como un niño saliendo de una flor de nenúfar. En casi todas las publicaciones en lugar de nenúfar encontramos loto, pero esta planta acuática de origen indú, no será introducida en Egipto hasta época greco-romana.
Según la teoría de la Dra. Desroches Noblecour, uno de los nombre del nenúfar en es nefer y por lo tanto el plural de esta palabra sería neferu. Ella sostiene que Ta Set Neferu habría que traducirlo por la “ sede o el lugar de los nenúfares”. Pues la gruta representaría el renacimiento místico de los difuntos. Para fundamentar su teoría ella sostiene que tanto en las ceremonias reales como en las privadas siempre encontramos estas dos iconografía juntas, las flores de nenúfares y la vaca sagrada representando a la diosa Hat-Hor. En cuanto a la representación de esta flores en todo tipo de ceremonia yo les recomiendo que se lean el libro de La droga en el Antiguo Egipto de Dña. Begoña del Casal, que también nos da una interpretación sobre el porqué estas flores en ciertas ceremonias.

Así pués el nombre que recibió la gruta era Menet y parece ser que se hacía algún tipo de ritual cuando como denominaban los egipcios caía el Agua del cielo.

La misión francesa mientras hacia este tipo de descubrimientos fue levantando los muros de lo que en la antigüedad había sido las pesas donde se suponía que se retenía el agua y en donde cientos de peregrinos se acercaban en alguna fecha señalada, para tomar o llevarse este agua que para los antiguos egipcios debía ser bendita. Pero por fin como Egipto siempre termina pagando a quienes creemos en él, el 31 de diciembre de 1990, una lluvia torrencial como hacía décadas que no se veía, cayó sobre Tebas. Al día siguiente todos los integrantes de la misión francesa corrieron a las presas a ver lo que había sucedido y vieron con sorpresa que el agua se había quedado estancada en las diferentes presas y que iba saltando y cayendo en cascada como debieron verlo los antiguos sacerdotes que consagraron la montaña y el valle a la diosa Hat-Hor.

Las tumbas del Valle de las Reinas:

TUMBA DE SAT-RA, QV 38. Esposa de Ramsés I. Dinastía XVIII.
Lleva los títulos de Esposa Real; Gran Madre del Rey; Señora de las Dos Tierras; Señora del Alto y Bajo Egipto.

TUMBA ANÓNIMA, QV 40. Anónima. De estructura, decoración, temática y color muy semejantes a la de Nefertary. Lleva los títulos de Hija del Rey; Gran esposa Real; Señora de las Dos Tierras; Señora del Alto y Bajo Egipto. Nunca fue utilizada.

En este valle fueron enterrados al menos cinco de los hijos de Ramsés III. No está claro quienes eran estos príncipes, que edad tenían ni de cómo ni cuando murieron. Lo único que se sabe es que Ramsés III ordenó preparar estas tumbas en el años 18 de su reinado. Por lo tanto el misterio esta servido. ¿Tenían alguna enfermedad que preveían sus próximas muertes?. ¿Por qué los enterraron el en Valle de las Reinas? Ahora se sabe que los hijos de Ramsés II fueron enterrados o mejor dicho fueron preparadas sus tumbas en el Valle de los Reyes. ¿Se intentaba recuperar una antigua tradición que venia de la dinastía XVIII?. No hay respuesta.

Se sabe que el en el templo de Ramsés III en Medinet Habu, en el segundo patio, hace representar a sus hijos: trece príncipes y catorce princesas. En relación a los príncipes se conoce el nombre de diez de ellos, todos ellos llevan el título de Portaestandarte a la derecha del rey. Pero lo curioso es que estos príncipes no son los mismos que aparecen en las tumbas. Se sabe tambien, que las tumbas 42 y 43 son anteriores y que las que corresponden a Jaem. Uaset y Amón-her-jep-sef, son simultaneas.

La tumba de Set-her-jep-sef nunca contuvo la momia del príncipe pues esté alcanzó la corona de Egipto y reinó con el nombre de Ramsés VIII.

Casi todas las tumbas tienen una forma muy semejante, son de las llamadas en forma de jeringa, es decir un corredor rectilíneo.

Otra de las características de estas tumbas es que en la decoración de ellas la figura de los príncipes siempre va precedida de la de Ramsés III, su padre, que es el verdadero protagonista de todas las escenas pintadas en sus paredes. Otra de las características es el color. Excepcional.

TUMBA DE SETH-HER-JEPESEF, QV 43. Hijo de Ramsés III. Dinastía XX. Lleva los títulos de Hijo del Rey; Hijo del Rey Ramsés III Heka-iun; Hijo del rey, el primero a su derecha; Hijo primogénito del rey.

TUMBA DE JA-EM-UASET, QV 44. Hijo de Ramsés III Dinastía XX. Lleva los títulos de: Hijo del rey.

TUMBA DE AMON- HER- JEPESHEF, QV 55. Hijo de Ramsés III. Dinastía XX Lleva los títulos de: Hijo del rey; Príncipe hereditario; Escriba real; Comandante de carros; Comandante del carro de la plaza de User-Maat-Ra, Merit-Amón; Comandante del Jefe de Carros.

TUMBA DE NEBET-TAUY, QV 60. Dinastía XIX. Lleva los títulos de Hija del Rey; Esposa del Rey; Gran Esposa Real; Señora de las Dos Tierras; Señora del Alto y Bajo Egipto.

TUMBA DE NEFERTARY MERIT-EN-MUT, QV 66. Esposa del Ramsés II. Dinastía XIX. Lleva los títulos de princesa hereditaria, Esposa del Rey; Gran Esposa Real; Señora de las Dos Tierras; Señora del Alto y Bajo Egipto; Señora de Toda la Tierra; Esposa del dios.
Una empinada escalera conduce a la primera de las salas de la tumba. Los textos de esta primera cámara está relacionado con el capítulo 17 del Libro de los Muertos y nos muestran a Nefertari jugando con el Senet. A continuación el pájaro Benu, una garza de color ceniza que evoca el alma de Ra, una representación del cuerpo momificado de Nefertary que se encuentra custodiado por los diosas Isis y Neftis.

El significado de la tumba.

Todo el complejo programa decorativo de la tumba de Nefertary, evoca un viaje ritual del alma de la difunta descendiendo al mundo subterráneo. Esto es el reino de Osiris, que está simbolizada en la sala del sarcófago o sala del oro, a la cual accede Nefertary después de cruzar las puerta de los capítulos 144 y 146 del Libro de los Muertos. Tiene aquí la gestación y el renacimiento del alma de la reina, que vuelve a la antecámara, se transfigura y resplandece según el capítulo 17 del Libro de los Muertos, ilustrado por la decoración mural de esta parte de la tumba. Finalmente Nefertary aparece en pleno día, asimilada a Ra ascendiendo en el horizonte oriental del cielo, siguiendo una imagen evocada en el techo de la puerta de la entrada de la tumba misma.