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FRENTE A FRENTE

A. René de Nicolás y García







La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.



El castellano es la lengua española del Estado.



Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.







viernes, 19 de marzo de 2010

El Escudo de España

“La izquierda tiene alergia a la historia, al himno y a la bandera de España” (José María Aznar)

La manipulación que la izquierda hace de la Historia de España ha creado un complejo en la derecha, que se ha sumergido en una discusión innecesaria y falsa sobre el escudo y emblemas nacionales.

A continuación voy a mostrar cual ha sido el escudo oficial de España en su historia.

Reunificación de Reinos de España
La antigua Hispania romana se había constituido como nación independiente de Roma desde el año 410 d.c. con la llegada del rey visigodo Ataulfo y la caída del imperio romano, a partir de entonces comienza la denominación de la llamada “España” cristiana.

En el 711 d.c. los musulmanes invaden la península ibérica, denominándola Al-Andalus y España es sometida al yugo musulmán perdiendo su identidad.

En el año 718 d.c., en rebeldía a los musulmanes, Don Pelayo gana la primera batalla en las cuevas de Covadonga y alza su brazo enarbolando una cruz cristiana como símbolo de la victoria. Comienza la reconquista de España y se funda el Reino de Asturias cristiano e independiente de los musulmanes.

En 1492 los Reyes Católicos Isabel de Castilla y Fernando de Aragón reconquistan el último reino musulmán, Granada. Comienza el sueño de recuperar la unidad nacional y se reunifican todos sus reinos independientes Castilla y León, Aragón y Navarra, no se podrá unificar Portugal que permanecerá independiente. El nuevo reino reunificado vuelve a llamarse España como en tiempos visigóticos.

Los Reyes Católicos crean el emblema de España, este será su estandarte y pabellón real.

El escudo se compone de los siguientes símbolos:

- Águila de San Juan, representa la evangelización de San Juan Evangelista y que España intentó llevar a las Indias y a todos sus territorios cristianos.

- Yugo y las Flechas; representan a Isabel y Fernando, son sus emblemas personales.

- Corona Real, representa a España como reino.

- Emblemas de los Reinos de España reunificados: Castilla, León, Aragón, más adelante Navarra y también Granada simbólicamente.

Se añadirían al escudo real y estandartes reales en tiempos de Carlos I de España y V de Alemania:

- Las Columnas de Hércules coronadas y envueltas con el lema “Plus Ultra”, que significan que existe el “más allá” del mar, antes del descubrimiento de América se decía que no había nada más allá del mar “Non Plus Ultra”.

- El símbolo del dinero $ que creemos tan americano no es más que una representación de las monedas españolas en tierras americanas que llevaban las columnas de Hércules con su lema “Plus Ultra”.

Escudo de la Segunda República 1931-1936
En el escudo de la Segunda República se eliminan y modifican ciertos símbolos:

- Se elimina el Águila de San Juan por ser un símbolo cristiano.
- Se eliminan las coronas de las columnas de Hércules, por ser de la Casa Real.
- Se modifica la corona real y se transforma en corona mural. Se deja a los reinos tradicionales de España sin corona real.
- Se modifica la disposición de los reinos de España, modificando la heráldica tradicional.
A veces se añaden lemas como Libertad, Igualdad y Fraternidad, lemas de la revolución francesa y de su república. También lemas de la francmasonería.


Escudo del Estado Nacional de Franco 1939-1975.
- Se devuelve al escudo nacional todos los símbolos de la corona, cristianos e históricos. También se restablecen los colores históricos de la enseña nacional rojo y gualda.

- Se agrega el lema “Una, grande y libre” denominación que hacía de España el político Ramiro Ledesma Ramos (asesinado en Paracuellos). El lema se convirtió en el grito común de los nacionales en la Guerra Civil.

Constitución Española de 1978
El primer ejemplar de la Constitución Española firmado por el Rey Juan Carlos I de España conserva todos los símbolos nacionales y el águila. La Constitución de 1978 no hace referencia al escudo nacional pero sí establece los colores rojo y gualda de su bandera.


Ley 39 de 1981,modificación del escudo

En el 1981 el gobierno de España, a través de una ley orgánica, modifica los emblemas nacionales. - Elimina los símbolos cristianos históricos pero respeta los reales. A pesar de ello la corona de España conserva una cruz católica ya que las coronas reales españolas siempre llevaron una cruz. Todos los reyes españoles fueron coronados bajo el lema “Por la Gracia de Dios”.
- El escudo resultante es muy similar al de la Segunda República, vuelven a colocarse los emblemas de los reinos de España con la misma disposición que en la Segunda República, rompiendo la heráldica tradicional del escudo.
- Se cometen errores heráldicos, para incorporar al escudo los símbolos borbónicos, las tres flores de lis. Símbolos históricos de la monarquía francesa unida a la española.

El escudo con el Águila de San Juan no es el escudo inventado por Franco ni franquista ya que en 1492 Franco no había nacido.
No es un escudo anticonstitucional, ya que la Constitución no establece escudo alguno.
El primer ejemplar de la Constitución porta el águila de San Juan. En todo caso, el escudo con el águila es el escudo tradicional histórico de España que representa la cristiandad de nuestra nación y a sus Reyes Católicos.
El actual escudo está establecido simplemente por una ley orgánica que podría ser modificada por cualquier gobierno sin necesidad de modificar la Constitución.
Por ello, el escudo actual no es constitucional, sino simplemente el institucional del Estado.

“Cada país tiene dos historias, la oficial y la verídica”

Defendamos nuestros símbolos y nuestra historia y no dejemos que la mentira se instaure como la verdad oficial.
¡Viva España!

jueves, 18 de marzo de 2010

Impresionismo

El Impresionismo (1.869 - 1.885) nace como una evolución a ultranza del Realismo y de la Escuela paisajística francesa de finales del siglo XIX. El preludio se encuentra en 1863, con la creación del Salon des Refusés, a modo de contestación de los Salones Oficiales de Otoño, que mantenían un arte estancado y carente de originalidad.

El Impresionismo se corresponde con una transformación social y filosófica; por un lado, el florecimiento de la burguesía, por otro, la llegada del positivismo. La burguesía, como nuevo fenómeno social, trae sus propios usos y costumbres; unos afectan al campo, que deja de ser lugar de trabajo para convertirse en lugar de ocio: las excursiones campestres.
Es el mundo retratado por Monet y Renoir. La ciudad, por el contrario, se convierte en nuevo espacio para la nueva clase social: aparecen los flanneurs, paseantes ociosos que se lucen y asisten a conciertos en los boulevards y los jardines de París. También cobra relevancia la noche y sus habitantes, los locales nocturnos, el paseo, las cantantes de cabaret, el ballet, los cafés y sus tertulias. Es un mundo fascinante, del cual los impresionistas extraen sus temas: en especial Degas o Toulouse-Lautrec. Porque para ellos se han terminado los temas grandiosos del pasado.

El positivismo acarrea una concepción de objetividad de la percepción, de un criterio científico que resta valor a todo lo que no sea clasificable según las leyes del color y de la óptica. Según esto, cualquier objeto natural, visible, afectado por la luz y el color, es susceptible de ser representado artísticamente. El cuadro impresionista se vuelca pues en los paisajes, las regatas, las reuniones domingueras, etc.

Los impresionistas se agruparon en torno a la figura de Manet, el rechazado de los Salones oficiales y promotor del Salon des Refusés. Ante el nuevo léxico que proponen, de pincelada descompuesta en colores primarios que han de recomponerse en la retina del espectador, el público reacciona en contra, incapaz de "leer" correctamente el nuevo lenguaje. Pero el Impresionismo cuenta con el apoyo de dos fuerzas sociales emergentes: la crítica de arte, que se encargará de encauzar el gusto del público; y los marchands, los vendedores de arte, que colocan sus cuadros en las mejores colecciones del país. Las tertulias, los Salones extra-oficiales y el propio escándalo se convirtieron en vehículos propagandísticos del nuevo estilo. Dicho estilo cuenta como precedente con los paisajistas de la Escuela de Barbizon, dependiente del último Realismo francés. Corot y Millet son las referencias más inmediatas en Francia, apoyados por la innovación de los paisajes de Turner. Esta tendencia paisajista la desarrollaron los integrantes del denominado Grupo de Batignoles, llamados así por vivir en el barrio del mismo nombre. Éstos son Monet, Boudin, Renoir... También toman referencias, especialmente de color y composición, del Siglo de Oro español. El japonismo, una moda de la época, añadió su parte a través de grabados que enseñaron a los artistas una forma nueva de ver el espacio y de utilizar los colores planos, sin intentar falsificar la realidad del cuadro con la tercera dimensión. Por último, la fotografía fue otro enlace, aunque no está claro si la espontaneidad de la captación del momento la aprende el Impresionismo de la fotografía o, más bien, ésta es la alumna de aquél. En cualquier caso, el resultado es una pintura amable, ligera, frecuentemente de paisaje, llena de luz y color, con pinceladas muy cortas que a veces dejan entrever el blanco del lienzo. No son cuadros grandes puesto que responden a encargos privados. Están alejados de cualquier compromiso social (casi todos los impresionistas se fueron de vacaciones al campo o a Inglaterra durante la represión de los movimientos obreros de la década de 1880) y no tardaron en ser refrendados por una amplia aceptación social, de esta burguesía que se veía retratada en los lienzos impresionistas, al modo en que el mundo noctámbulo parisino se refleja en el espejo de La Barra del Folies-Bergère de Manet.

ALMA


Es un término vago, indeterminado, que expresa un principio desconocido, pero de efectos conocidos, que sentimos en nosotros mismos. La palabra «alma» corresponde a la frase anima de los latinos, a la palabra que usan todas las naciones para expresar lo que no comprenden más que nosotros.

En el sentido propio y literal del latín y de las lenguas que se derivan de él, significa lo que «anima». Por eso se dice: «el alma de los hombres, de los animales y de las plantas», para significar su principio de vegetación y de vida.

Al pronunciar esta palabra sólo nos da una idea confusa, como cuando se dice en el Génesis: «Dios sopló en el rostro del hombre un soplo de vida y se convirtió en alma viviente; el alma de los animales está en la sangre; no matéis pues, su alma.»

De modo que el alma -en sentido general- se toma por el origen y la causa de la vida, por la vida misma. Por esto las naciones antiguas creyeron durante muchísimo tiempo que todo moría al morir el cuerpo. Aunque es difícil desentrañar la verdad en el caos de las historias remotas, tiene visos de probabilidad que los egipcios fuesen los primeros que distinguieron la inteligencia y el alma, y los griegos aprendieron de ellos a distinguirla. Los latinos, siguiendo el ejemplo de los griegos, distinguieron animus y anima, y nosotros distinguimos también alma e inteligencia. Pero lo que constituye el principio de nuestra vida ¿constituye el principio de nuestros pensamientos? ¿Son dos cosas diferentes, o forman un mismo principio'? Lo que nos hace digerir, lo que nos produce sensaciones y nos da memoria, ¿se parece a lo que es causa en los animales de la digestión, de las sensaciones y de la memoria?

He aquí el eterno objeto de las disputas de los hombres. Digo eterno objeto porque, careciendo de la noción primitiva que nos guíe en este examen, tendremos que permanecer siempre encerrados en un laberinto de dudas y de conjeturas.

No contamos ni con un solo escalón donde afirmar el pie para llegar al vago conocimiento de lo que nos hace vivir y de lo que nos hace pensar. Para poseerlo sería preciso ver cómo la vida y el pensamiento entran en un cuerpo. ¿Sabe un padre cómo produce a su hijo? ¿Sabe la madre cómo lo concibe? ¿Puede alguien adivinar cómo se agita, cómo se despierta y cómo duerme? ¿Sabe alguno cómo los miembros obedecen a su voluntad? ¿Ha descubierto el medio por el cual las ideas se forman en su cerebro y salen de él cuando lo desea? Débiles autómatas, colocados por la mano invisible que nos gobierna en el escenario del mundo, ¿quién de nosotros ha podido ver el hilo que origina nuestros movimientos?

No nos atrevemos a cuestionar si el alma inteligente es «espíritu» o «materia»; si fue creada antes que nosotros; si sale de la nada cuando nacemos; si después de habernos animado durante un día en el mundo, vive, cuando nosotros morimos, en la eternidad. Esas cuestiones, que parecen sublimes, sólo son cuestiones de ciegos que preguntan a otros ciegos: «¿Qué es la luz?»

Cuando tratamos de conocer los elementos que encierra un pedazo de metal, lo sometemos al fuego en un crisol. ¿Poseemos crisol alguno para someter el alma? Unos dicen que es «espíritu»; pero ¿qué es espíritu? Nadie lo sabe; es una palabra tan vacía de sentido, que nos vemos obligados a decir que el espíritu no se ve, porque no sabemos decir lo que es. «El alma es materia», dicen otros. Pero ¿qué es materia? Sólo conocemos algunas de sus apariencias y algunas de sus propiedades, y ninguna de estas propiedades y apariencias parece tener la menor relación con el pensamiento.

Hay también quien opina que el alma está formada de algo distinto de la materia. Pero ¿qué pruebas tenemos de esto? Se funda tal opinión en que la materia es divisible y puede tomar diferentes aspectos, y el pensamiento no lo es. Pero ¿quién os ha dicho que los primeros principios de la materia sean divisibles y figurables? Es muy verosímil que no lo sean; sectas enteras de filósofos sostienen que los elementos de la materia no tienen figura ni extensión. Creéis anonadarnos replicando: «El pensamiento no es madera, ni piedra, ni arena, ni metal; luego el pensamiento no puede ser materia.» Pero eso son débiles y atrevidos razonamientos. La gravitación no es metal, ni arena, ni piedra, ni madera: el movimiento, la vegetación, la vida, no son ninguna de esas cosas, y sin embargo, la vida, la vegetación, el movimiento y la gravitación son cualidades de la materia. Decir que Dios no puede conseguir que la materia piense, es decir el absurdo más insolente que se haya proferido nunca en la escuela de la demencia. No estamos seguros de que Dios haya obrado así, pero sí que estamos seguros de que puede obrar de tal modo. ¿Qué importa todo lo que se ha dicho y lo que se dirá sobre el alma? ¿Qué importa que la hayan llamado entelequia, quinta esencia, llama o éter; que la hayan creído universal, increada, transmigrante, etc., etc.? ¿Qué importan en cuestiones inaccesibles a la razón esas novelas creadas por nuestras inciertas imaginaciones? ¿Qué importa que los Padres de la Iglesia de los cuatro primeros siglos creyeran que el alma era corporal? ¿Qué importa que Tertuliano, contradiciéndose, decidiese que el alma es corporal, figurada y simple al mismo tiempo? Tenemos mil testimonios de nuestra ignorancia, pero ni uno solo ofrece vislumbre de verosimilitud.

¿Cómo nos atrevemos a afirmar lo que es el alma? Sabemos con certidumbre que existimos, que sentimos y que pensamos. Deseamos ir más allá y caemos en un un abismo de tinieblas. Sumergidos en ese abismo, todavía se apodera de nosotros la loca temeridad de disputar si el alma, de la que no tenemos la menor idea, se creó antes que nosotros o al mismo tiempo que nosotros, y si es perecedera o inmortal.

El alma y todos los artículos que son metafísicos deben empezar sometiéndose sinceramente a los dogmas de la Iglesia, porque indudablemente la revelación vale más que toda la filosofía. Los sistemas ejercitan el espíritu, pero la fe le alumbra y le guía.

Con frecuencia pronunciamos palabras de las que tenemos una idea muy confusa, y algunas veces ignoramos el significado, ¿No está en este caso la palabra «alma»? Cuando la lengüeta o la válvula de un fuelle está descompuesta, y el aire que entra en el vientre del fuelle sale por alguna de las aberturas que tiene la válvula, y éste no está comprimido por las dos paletas y no sale con la violencia que se necesita para encender el fuego, las criadas dicen: «Está descompuesta el alma del fuelle,» No saben más, y esa cuestión no turba su tranquilidad. El jardinero habla del «alma de las plantas», y las cultiva bien, sin saber lo que significa esta palabra. En muchas de nuestras manufacturas, los obreros dan la calificación de alma a sus máquinas, y nunca disputan sobre el significado de dicha palabra; no sucede así a los filósofos.

La palabra «alma», entre nosotros, en su significado general, sirve para denotar lo que «anima». Nuestros antepasados los celtas dieron al alma el nombre de seel, del que los ingleses formaron la palabra soul y los alemanes la palabra seel, y probablemente los antiguos teutones y los antiguos bretones no disputarían sobre esa palabra.

Los griegos distinguían tres clases de alma: «el alma sensitiva» o «el alma de los sentidos» (he aquí por qué el Amor, hijo de Afrodita, sintió tan vehemente pasión por Psyquis, y por qué Psyquis le amó tiernamente); el soplo que da vida y movimiento a toda máquina, y que nosotros traducimos por «espíritu», y la tercera clase de alma, que, como nosotros, llamaron «inteligencia». Poseemos, pues, tres almas, sin tener la más ligera noción de ninguna de ellas. Santo Tomás de Aquino admite estas tres almas, como buen peripatético, y distingue cada unía de ellas en tres partes: una está en el pecho, otra en todo el cuerpo y la tercera en la cabeza. En nuestras escuelas no se conoció otra filosofía hasta el siglo XVIII... ¡Y desgraciado el hombre que hubiera tomado una de esas tres almas por la otra!

Hay, sin embargo, motivo para este caos de ideas. Los hombres conocieron que, cuando les excitaban las pasiones del amor, de la cólera o del miedo, sentían ciertos movimientos en las entrañas. El hígado y el corazón fueron asignados como asiento de las pasiones. Cuando se medita profundamente, sentimos cierta opresión en los órganos de la cabeza: luego el alma intelectual está en el cerebro. Sin respirar no es posible la vegetación y la vida: luego el alma vegetativa está en el pecho, que recibe el soplo del aire.

Cuando los hombres vieron en sueños a sus padres o a sus amigos muertos, se dedicaron a estudiar qué es lo que se les había aparecido. No era el cuerpo, porque lo había consumido una hoguera, se lo había tragado el mar y había servido de pasto a los peces. Esto no obstante, sostenían que algo se les había aparecido, puesto que lo habían visto; el muerto les había hablado, y el que estaba soñando le dirigía preguntas. ¿Con quién habían conversado durmiendo? Se imaginaron que era un fantasma, una figura aérea, una sombra, los manes, una pequeña alma de aire y fuego extremadamente delicada, que vagaba por no sé dónde.

Andando el tiempo, cuando quisieron profundizar este estudio, convinieron en que dicha alma era corporal, y esta fue la idea que de ella tuvo la antigüedad. Llegó después Platón, que sutilizó esa alma de tal manera, que se llegó a sospechar que la separó casi completamente de la materia; pero ese problema no se resolvió hasta que la fe vino a iluminarnos.

En vano los materialistas alegan que algunos Padres de la Iglesia no se expresaron con exactitud, San Ireneo dice que el alma es el soplo de la vida, que sólo es incorporal si se compara con el cuerpo de los mortales, pero que conserva la figura de hombre con el objeto de que se la reconozca.

En vano Tertuliano se expresa de este modo: «La corporalidad del alma resalta en el Evangelio; porque si el alma no tuviera cuerpo, la imagen del alma no tendría imagen corpórea.» En vano ese mismo filósofo refiere la visión de una mujer santa que vio un alma muy brillante y del color del aire.

En vano alegan que San Hilario dijo en tiempos posteriores: «No hay nada de lo creado que no sea corporal, ni en el cielo ni en la tierra, ni en lo visible ni en lo invisible; todo está formado de elementos, y las almas, ya habiten en un cuerpo, ya salgan de él, tienen siempre una sustancia corporal.»

En vano San Ambrosio, en el siglo VI, dijo: «No conocemos nada que no sea material, si exceptuamos la venerable Trinidad.»

La Iglesia ha decidido por unanimidad que el alma es inmaterial. Los indicados santos incurrieron en un error que era entonces universal; eran hombres. Pero no se equivocaron respecto a la inmortalidad, porque los Evangelios evidentemente lo anuncian.

Necesitamos conformarnos con la decisión de la Iglesia, porque no poseemos la noción suficiente de lo que se llama «espíritu puro» y de lo que se llama «materia». El espíritu puro es una palabra que no nos transmite ninguna idea, y sólo conocemos la materia por alguno de sus fenómenos. La conocemos tan poco, que la llamamos «sustancia», y la palabra «sustancia» quiere decir lo que «está debajo»; pero este debajo está oculto eternamente para nosotros; es el secreto del Creador en todas partes. No sabemos cómo recibimos la vida, ni cómo la damos, ni cómo crecemos, ni cómo digerimos, ni cómo dormimos, ni cómo pensamos, ni cómo sentimos. Es una incomprensible dificultad conocer cómo cualquiera de los seres concibe sus pensamientos.

martes, 16 de marzo de 2010

La pureza

Un bania, o comerciante, se aproximó en cierta ocasión a un Sadhu (persona espiritual, maestro), pidiéndole que le iniciase. El Sadhu le dijo: "Espera y te iniciaré dentro de algún tiempo." El bania presionó al Sadhu una y otra vez, deseoso de ser iniciado rápidamente, pero aquel se negaba por completo, alejándose de él. No obstante, un par de años después, el Sadhu decidió visitar al comerciante, llevando su escudilla para pedir limosna llena de barro, pelos, orina y excrementos. Pidió, pues, limosna al bania, y éste le ofreció todo tipo de dulces, que el mismo había preparado, pensando que esta vez sería por fin iniciado por el Sadhu. Éste le dijo entonces: "Ponlo todo en mi escudilla." El bania le preguntó asombrado: "Suámiyi, ¿cómo lo voy a poner en esa escudilla tan sucia? Límpiala y tráemela luego para poner en ella cuanto te he preparado." El Sadhu le replicó entonces: "Si eso ocurre con esta escudilla, ¿cómo puedo yo poner la pureza del Señor en tu corazón, que está lleno de todo tipo de impurezas, cómo ira, orgullo, avaricia, etc.? ¿Cómo podría iniciarte ahora, cuando tu mente está aún tan sucia como esta escudilla?" El comerciante se deprimió mucho y se alejó avergonzado. Después de aquello, se purificó por medio de la caridad, el servicio desinteresado, etc., siendo iniciado más tarde por el Sadhu.
De igual modo que el agua teñida penetra libre y fácilmente en la tela cuando ésta es completamente blanca, asimismo las instrucciones de un sabio penetran y se establecen en los corazones de los aspirantes sólo cuando las mentes de éstos son sosegadas, cuando no tienen deseos de gozar solamente y cuando han destruido sus impurezas.
La disciplina y la purificación de la mente son los requisitos esenciales para el aspirante en el sendero de la Verdad y la realización del Ser. Primero debe prepararse el terreno y, más tarde, la iniciación llegará por sí sola.
La pureza interna y la pureza externa.
Existen dos tipos de pureza: la interna y la externa. El estar libre de Raga-Duesha (Atracción y repulsión),la pureza de intenciones, la pureza de motivos y la pureza de sentimientos, constituye la pureza interna. La pureza del cuerpo por medio del baño etc., la pureza de ropa, la pureza del contorno como la casa y la vecindad, constituyen la pureza externa.
La pureza externa genera pensamientos puros. Su práctica proporciona indiferencia hacia el propio cuerpo y hacia el de los demás. Pronto pierdes "Mamata" o el sentido de propiedad de tu cuerpo.
La pureza interna es más importante que la externa. La pureza interna fija la mente en un único punto, proporciona serenidad, alegría, regocijo, fortaleza, armonía, sosiego y felicidad, e infunde amor, paciencia y magnanimidad.
Si tomas una alimentación pura, tendrás una mente pura. Si tienes pureza de mente, recordarás al Ser Supremo de Luz. Si lo recuerdas a él siempre, los nudos que oprimen el corazón, que son la ignorancia y el deseo, se desvanecerán.
La pureza mental por medio de un entrenamiento ético es, pues, de capital importancia si deseas tener éxito en la meditación y la superconsciencia.
Practicar la meditación o la contemplación en una mente perturbada por no cumplir con los preceptos morales (los tuyos, no los falsos conceptos morales de esta sociedad viciada), es como construir una casa sobre cimientos podridos. Puede que construyas la casa, pero, sin duda, acabará por caer. Igualmente, puede que practiques meditación durante muchos años, pero no conseguirás obtener ningún resultado tangible, ni fruto si no la fundamentas en un entrenamiento ético.
Si deseas instalar a Ser de Luz en el trono de tu corazón, tendrás que erradicar todas las modificaciones negativas de tu mente. ¿Qué haces cuando esperas recibir la visita de un personaje importante en tu casa? Limpias enseguida toda tu casa y la dejas reluciente. De la misma manera, tendrás que eliminar toda la escoria de impurezas de tu mente si quieres comulgar con la Luz y si quieres con sinceridad que tome asiento en tu corazón.
Los deseos mueven los sentidos. Los deseos pueden controlarse únicamente refrenando los sentidos. Controla los sentidos y aniquila los deseos.
No seas indulgente contigo mismo. Adhiérete a tus propios votos. Sé firme y resoluto. Aspira intrépidamente. Afirma y manifiesta tu control sobre la mente y los sentidos. Brillarás con el resplandor espiritual. Alcanzarás así la meta gloriosa de la vida espiritual.
La pureza es el sendero que conduce hacia ese Ser de Luz. Sin pureza, no es posible hacer ningún progreso espiritual. Tu alma es eternamente pura. Pero a través de tu contacto con la mente y los sentidos te has vuelto impuro. Recupera tu pureza original por medio de la meditación, la oración, la búsqueda de ¿quién soy yo? y una alimentación pura.
Purifica tu intelecto. Purifica tu corazón. Purifica tu palabra. Purifica tu cuerpo. Purifica tus sentidos. Purifícate, purifícate, purifícate.
La pureza de corazón es la puerta hacia la Luz. Es la antecámara de la presencia del Señor. Es la llave que abre las puertas de la intuición, que conducen a la morada de la paz suprema. Por tanto, obtén la pureza con todo el sacrificio del mundo. La pureza es el pasaporte hacia la tierra luminosa.

domingo, 14 de marzo de 2010


Ramón de Mesonero Romanos (pseudónimo El Curioso Parlante) nació en Madrid el 19 de julio de 1803 en la madrileña calle conocida con el nombre del Olivo, y que más tarde llevaría los apellidos del propio autor tal como figura en los repertorios dedicados a las calles y plazas del Madrid de la época.
La fecha de 1803 será recordada años más tarde por el propio Galdós en su novela Fortunata y Jacinta gracias a la introducción de un personaje, Plácido Estupiñá, que «había venido al mundo en 1803, y se llamaba hermano de fecha de Mesonero Romanos, por haber nacido, como éste, el 19 de julio del citado año».
El Curioso Parlante referirá noticias de sus padres, amigos y del ambiente familiar en general de sus primeros años. El desfile ininterrumpido de personas que solían acudir a la casa paterna a pedir algún favor o a requerir los servicios de su padre, don Matías, quedará grabado en su mente: «Alternaban, pues, en ella toda clase de sujetos, desde el Consejero de empolvado peluquín hasta el humilde paje de bolsa; desde la bordada casaca del covachuelista (oficial de las Secretarías del Despacho) hasta el diligente escribano o procurador; desde el opulento Cubano o Perulero que venía a pretender la merced de un hábito de las Órdenes, o por lo menos una cruz chica (supernumeraria de Carlos III), hasta el anciano labriego que solicitaba la exención de su hijo único del servicio militar». Alcaldes, acaudalados comerciantes, cosecheros, frailes y personas de muy dispar oficio o profesión solían visitar el despacho de don Matías, «hombre de carácter bondadoso como buen castellano viejo que era», según palabras del propio autor.
Las referencias a su padre en las Memorias son numerosísimas y en la mayoría de las ocasiones relacionadas con su vocación por la literatura. Su indiscreta curiosidad infantil, tal como señala el autor, le haría conocedor de las intimidades de Palacio, de las intrigas cortesanas y devaneos amorosos de los principales personajes de la Corte.
El inicio del Trienio Liberal marcará profundamente el estado anímico del autor, y no sólo por el triste lance referido con anterioridad, sino por la nueva atmósfera política que cambiaría totalmente la historia por un corto periodo de tiempo. El propio autor en sus Memorias describe la atmósfera revolucionaria: «todos, y especialmente la juventud, aspirábamos aquellos vientos y veíamos venir aquella borrasca con entusiasmo, hijos del más sincero patriotismo y sin asomo de interés egoísta». Con gran precisión describe Mesonero Romanos todo este periodo constitucional, desde las tertulias más significativas de la época, prensa, políticos y composición de los gabinetes ministeriales hasta las representaciones teatrales y centros culturales más importantes del momento. No faltan en este registro minucioso las anécdotas que configuran la pequeña historia de un Madrid abrumado por los hechos, ni tampoco los sucesos que gravitarán de forma harto elocuente en el propio autor, como su alistamiento voluntario a los dieciocho años en la Milicia. Sus andanzas, aventuras y desventuras como miliciano en este episodio histórico reflejan con una objetividad fuera de lo común aquellos años del llamado Trienio Liberal.
Paralelamente Mesonero Romanos refiere sus primeros pasos literarios, sus lecturas, amistades, costumbres... Sus Memorias ilustran una vez más aquellos aspectos más notables en la vida del autor. Gracias a este preciso material conocemos el temprano entusiasmo por Moratín, Gallardo, Miñano... De igual forma mostrará una gran admiración y respeto por la dramaturgia del Siglo de Oro. Autores como Tirso, Lope, Calderón, Moreto o Rojas yacían, según palabras del autor, en un injusto olvido. No falta en las Memorias su sentido entusiasmo por la ópera italiana, género que fascinaba a la sociedad de la época. La Italiana en Argel, L'Inganno felice, El Turco en Italia, La Gazza ladra, Tancredo, El barbero de Sevilla produjeron una verdadera revolución. Mesonero Romanos analiza detenidamente todo este mundo de la ópera, afirmando que los ídolos del público madrileño eran Adelaida di Sala, arrogante y hermosísima donna en el Tancredo y la Dalmani Nadi, de admirable voz y maestría. No faltan en estos capítulos las referencias al entonces joven escritor, convertido a los veintitrés años en fiel seguidor de la moda. Su identificación con los jóvenes leones así como su asistencia a salones y paseos de buen tono quedan perfectamente reflejados en el inicio de la segunda parte de sus Memorias. Mesonero Romanos referirá, igualmente, sus comienzos literarios, sus amistades, sus preferencias artísticas...
La conocida tertulia de El Parnasillo la recordará con no poca nostalgia en sus escritos. Su amistad personal con los componentes de la llamada Partida del Trueno aparece grabada en la mente de un anciano que rememora con nostalgia los episodios literarios más significativos del momento. Espronceda, Vega, Escosura, Santos Álvarez, Larra, Romero Larrañaga, Pelegrín, Segovia... formarán parte de este círculo en el que también figuraba Mesonero Romanos. Artistas, dramaturgos y conocidos empresarios serán igualmente contertulios y amigos del autor. José M. Carnerero, conocido periodista y dramaturgo que ejercería una notable influencia en los jóvenes escritores de la época. Personaje muy unido a Mesonero Romanos y que lo introduciría en los medios periodísticos más importantes del momento.
Su afición por el teatro quedará también reflejada en sus Memorias. Las obras de nuestros clásicos, así como las versiones y adaptaciones del teatro greco-latino, despertarán la admiración del entonces novel escritor. No menos interesantes al respecto son las puntuales citas y referencias a los actores y actrices de la época, como en el caso del célebre Isidoro Máiquez, actor de superior inteligencia que había transformado el arte escénico.
No menos significativa es su actitud ante el nuevo cambio social y urbano que experimenta Madrid durante estos años. Sus salidas al extranjero están motivadas, entre otras causas, por su interés y curiosidad por la fisonomía urbana que impera en distintos contextos geográficos. Desde agosto de 1833 a mayo de 1834 Mesonero Romanos viajará a Francia tal como aparece en una concisa nota inserta en sus Memorias, referencia que remite al lector a la ciudad de Marsella en el preciso momento en que se produce el fallecimiento de Fernando VII. Mesonero tuvo la intención de recoger todas sus impresiones de viaje en un Diario, propósito que no llegó a realizar. Su segunda salida al extranjero queda reflejada en su obra Recuerdos de Viaje por Francia y Bélgica. De todo este material noticioso el autor pudo confrontar los aspectos más diversos existentes entre Madrid y las principales ciudades europeas. Mesonero Romanos saldrá al extranjero como un curioso observador que analiza los progresos, el civismo y las reformas efectuadas en todos estos núcleos urbanos.
Estébanez Calderón, compañero de Mesonero Romanos en la redacción del periódico Cartas Españolas, visitará París y Londres en 1843. Mesonero Romanos, al igual que un buen número de escritores costumbristas, no se cerrará en su concha, ni desdeñará lo extranjero por el mero hecho de ser, precisamente, extranjero, sino que viajará a otros países como si con ello quisiera encontrar el justo término de comparación.
Las vivencias personales de Mesonero Romanos encuentran feliz acogida en sus Memorias hasta el periodo comprendido entre 1845-1850. Fechas que remiten al lector a los años dedicados al Ayuntamiento de Madrid como concejal. Su Proyecto de mejoras generales, leído en la sesión de la Corporación municipal el día 23 de mayo de 1846, supone una auténtica remodelación del Madrid de la época. Años más tarde redactó unas nuevas Ordenanzas municipales que rigieron durante un largo periodo de tiempo, hasta que el aumento de la población y la construcción de nuevos edificios y arterias urbanas hicieron necesaria la publicación de nuevas ordenanzas municipales. Entre el periodo de su renuncia como concejal del Ayuntamiento de Madrid y su vinculación al mismo como cronista oficial mediaron unos diez años de intensa labor literaria.
Sus ediciones dedicadas al estudio de los dramaturgos contemporáneos y posteriores a Lope de Vega y Rojas Zorrilla para la Biblioteca de Autores Españoles, así como su intensa labor como cronista oficial a partir del 15 de julio de 1864 son una prueba evidente de su ininterrumpido quehacer literario. Quedan atrás sus colaboraciones en El Indicador de las Novedades, El Correo Literario y Mercantil, Cartas Españolas, Revista Española, Diario de Madrid, Semanario Pintoresco Español... No menos fecunda sería su intensa labor como promotor y fundador del Ateneo y del Liceo. Su ingreso en la Real Academia sería de igual forma uno de los momentos más significativos en la vida del autor, justa recompensa a un hombre dedicado por completo a la literatura y a las mejoras sociales de Madrid desde su posición como hombre de letras. El 3 de mayo de 1838 la Real Academia Española le nombró académico honorario y el 25 de febrero de 1847 figuraría como miembro de número. Bibliotecario perpetuo de la villa de Madrid, el Ayuntamiento le compró su biblioteca en la cantidad de 70.000 reales, venta que a juicio de C. Seco Serrano denota escasa generosidad por parte de El Curioso Parlante, harto sobrado de dinero como para vender sus libros. La simple cesión al Ayuntamiento madrileño de estos fondos que, por lo demás, iba a seguir administrando el propio autor, «hubiera sido un gesto elegante a la par que un sacrificio muy relativo para el bibliotecario perpetuo de Madrid». Mesonero Romanos, hombre de negocios, estaría tal vez cansado o escarmentado de haberse comportado con no poca generosidad en su larga vida. El autor, tan poco dado a comentar episodios personales, declarará, sin embargo, en un romance que ha actuado siempre con generosidad, formando parte de sociedades, juntas y otros organismos sin sueldo alguno y con numerosas obligaciones.
Su fallecimiento, 30 de abril de 1882, supuso un auténtico acontecimiento en la villa y corte de Madrid, una manifestación de duelo poco frecuente en este periodo histórico. Su legado se proyectará siempre como un copioso caudal de noticias de su época, imprescindible para todo aquel que quiera adentrarse en la pequeña historia de una España abrumada por los hechos y acontecimientos sociales.

sábado, 13 de marzo de 2010

La dialéctica y la razón es la forma de llegar a la verdad para Platón.

Platón, siglo IV a. de C., debe una enorme parte de su filosofía a Parménides y otra buena parte a Sócrates. Se da cuenta del punto débil de la filosofía de Parménides y dice que éste confunde la existencia con la esencia, las condiciones formales del pensamiento con las condiciones reales del ser.

Lo que debe Platón a Parménides son tres elementos:1) la intuición intelectual, la razón, el pensamiento racional es el que nos va a guiar a la aprehensión del verdadero y auténtico Ser.2) la teoría de los dos mundos: el mundo sensible y el mundo inteligible.3) El arte de discutir como método, o sea, la dialéctica

La influencia que Platón recibe de Sócrates es el concepto.
Para Sócrates todo lo que los hombres tienen que intentar en sus vidas es mantener la moral; ser justos, moderados, equilibrados y valientes.

Cada una de esas virtudes es discutida por Sócrates, aplicando el intelecto de modo que no quede ninguna confusión.

El concepto es la definición de esas virtudes, para llegar a tenerlos tan perfectos que permitiera transmitírselas a los jóvenes para que las aprendan.

Platón toma ese concepto y lo utiliza para la definición de todo lo demás relacionándolo con la idéa del bien, dando lugar al tema central de su doctrina.

Platón se da cuenta que el concepto es la esencia del objeto y la existencia. Esa unión es la intuición intelectual de la idea. Sólo la idea existe y tiene esencia.

Las ideas de Platón son las que realmente existen. Lo que nos parece real en nuestra vida son sólo sombras, ilusiones de lo que realmente es verdadero y que sólo se percibe con el intelecto. Estas idéas no cambian y son perfectas.

Platón solía recurrir a relatos para exponer sus pensamientos filosóficos, como el que refiere que el hombre tiene recuerdos anteriores a esta vida de otras experiencias del intelecto perfectas de donde habitan los espíritus contemplando las esencias eternamente.

Describe la realidad de esta vida como una mera proyección difusa de las cosas verdaderas, en la oscuridad de nuestro entendimiento. Esas proyecciones no son las cosas, se parecen a ellas pero no son reales.

El conocimiento sólo se obtiene con la intuición intelectual de las esencias verdaderas.

Platón reconoce una jerarquía y prioriza a la idea del bien por sobre todas las demás.

Las ideas para Platón son realidades que existen, las únicas, porque las cosas de esta vida son sólo reflejos de ellas. Por eso su pensamiento se considera un realismo de las ideas, que son trascendentes al hombre.

La religión cristiana se basa en la filosofía platónica.

viernes, 12 de marzo de 2010

Miguel Delibes nos ha dejado...

Miguel Delibes nació en Valladolid el 17 de octubre de 1920 y murio el 12 de marzo de 2010. Es el tercero de ocho hermanos, su madre era María Setién y su padre, Adolfo Delibes, era abogado y catedrático de derecho en la Escuela de Comercio. Estudia en el colegio de La Salle y cursó el bachillerato en el colegio de Lourdes de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. La guerra le impidió ingresar en la universidad, por lo que continuó con los cursos de perito mercantil y aprendió a modelar en la Escuela de Artes y Oficios. Se enroló como voluntario en la Marina prestando servicio en el crucero "Canarias" en Palma de Mallorca. En 1939 regresó a Valladolid y comenzó sus estudios universitarios de Derecho y Comercio. Sin embargo, ninguna de estas carreras le agrada. Y sólo el azar quiere que llegue al mundo del periodismo y de la literatura. Un azar que comienza cuando, al estudiar el Manual de Derecho Mercantil de Joaquín Garrigues, descubre la belleza del lenguaje y el adjetivo oportunamente empleado. Como también le gusta el dibujo -su padre le ha matriculado en la Escuela de Artes y Oficios-, Miguel Delibes ingresa como caricaturista, en 1941, en “El Norte de Castilla”, el periódico de su ciudad. Posteriormente realizó un curso de periodismo en Madrid para obtener el carné profesional, de modo tal que en 1942 publica su primer artículo (sobre el tema de la caza mayor) en “El Norte de Castilla”. En 1945 ganó por oposición la cátedra de Derecho Mercantil y consiguió ser destinado a la Escuela de comercio de Valladolid. Se casa en el mismo año con Ángeles de Castro y ésta tras haberle animado a leer y a escribir provoca que Miguel escriba su primera novela, “La sombra del ciprés es alargada”, que consigue el prestigioso premio Nadal en 1948 a la que le siguió “Aún es de día”, ambas caracterizadas por la búsqueda y exploración del proceso a través del cual el hombre realiza su visón personal del mundo.En 1950 escribió “El camino”, y a partir de este momento, de plantear una preocupación por la formación del individuo, pasó al tema de la búsqueda de la autenticidad personal. Delibes empezaba a evolucionar hacia una dimensión psicologista. Miguel Delibes es nombrado subdirector de “El Norte de Castilla” en 1952 y director en 1958. Emprende una serie de campañas en favor del medio rural castellano y ello le lleva a enfrentarse con el régimen y la censura vigente, viéndose obligado a dimitir de su cargo en 1963. Pero no cede por eso en su denuncia de la postración de Castilla y, cuando no puede hacerlo desde el periódico, lo hace desde la narrativa. Nace así su novela “Las ratas” (1962), verdadera epopeya de la tragedia del campo castellano. Libros de este corte son “La caza de la perdiz roja” (1963), “USA y yo” (1966), “Cinco horas con Mario” (1966) y “La primavera de Praga” (1968). Anteriormente había escrito otras obras como son “El loco” (1953), “Mi idolatrado hijo Sisí” (1953), “Los raíles” (1954),“La partida” (1954), “Siestas con viento sur” (1954, premio Fastenrath) o “La hoja roja” (1959, premio de la fundación Juan March). Entre esta década cabe destacar “Diario de un cazador” (1955) que recibió múltiples elogios, así como el premio Nacional de Literatura.Posteriormente el autor se mostró preocupado por la penetración psicológica en el miedo y sus orígenes. Así, en "La caza de España" (1972) lanza un ataque contra la actual sociedad consumista, y en "La parábola del náufrago" (1969) estudia el efecto del miedo sobre la libertad del hombre. Obras de esta última época son "Con la escopeta al hombro" (1970) y "Un año de mi vida", serie de páginas de diario escritas en la revista "Destino" entre junio de 1970 y junio de 1971.En 1973 Miguel Delibes es elegido miembro de la Real Academia de la Lengua, ocupando el sillón e minúscula. La toma de posesión tiene lugar el 25 de mayo de 1975, y su discurso versa sobre “El sentido del progreso desde mi obra”. Publicó con gran éxito "El príncipe destronado" (1973). Sólo unos meses antes, en noviembre de 1974, había muerto su esposa Ángeles, a la que el novelista había calificado como su “equilibrio” y la “mejor mitad de mí mismo”. En 1975 publica "Las guerras de nuestros antepasados".La muerte de su esposa deja sumido al escritor en una profunda depresión, de la que comienza a salir tres años más tarde con la publicación de su novela “El disputado voto del señor Cayo” (1978). Siguen "Los santos inocentes" (1981), "Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso" (1983), "377 A. Madera de héroe" (1987), "El loco" (1988); "Señora de rojo sobre fondo gris" (1991), donde evocará la figura de su esposa, "El último coto" (1992), etc. Varios de sus relatos -doce en total- son llevados al cine o al teatro. “Los santos inocentes” en la pantalla y “Cinco horas con Mario” en los escenarios son los logros más notables en sendos géneros.Llegan también para Miguel Delibes los reconocimientos y los premios: el Príncipe de Asturias, en 1982; el premio de las Letras de Castilla y León, en 1984; el de las Letras Españolas, en 1991; y dos años más tarde, en 1993, el premio Cervantes, el más prestigioso galardón para escritores de habla hispana. Cinco años más tarde, en 1998, publica la que puede considerarse su novela más ambiciosa e incluso su obra cumbre: “El hereje”, un alegato en favor de la libertad de conciencia. La novela se desarrolla en el Valladolid del siglo XVI, y “a Valladolid, mi ciudad” dedica Delibes el libro. Esta obra obtiene el Premio Nacional de Literatura de Narrativa en 1999. Cabe destacar las numerosas distinciones que ha recibido: investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Valladolid (1983), Complutense de Madrid (1987), El Sarre - Alemania (1990) y Alcalá de Henares (1996); Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de la República Francesa (1985); en 1993 la Diputación Provincial de Valladolid le otorgó la Medalla de Oro de la Provincia y en 1999 se le concedió la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo. Hacia el año 2000 la Junta de Castilla y León propuso al Comité Nóbel de la Academia Sueca la candidatura de Miguel Delibes, acción que fue apoyada por numerosas entidades e intelectuales de la sociedad españolaMiguel Delibes es considerado uno de los literatos más importantes de la lengua castellana, así lo acredita la mayor parte de su obra que ha sido traducida a más de veinte idiomas: ruso, inglés americano, alemán, italiano, francés, sueco, checo, irlandés, japonés, israelí, etcétera.

Obras
Las novelas con más renombre de Miguel Delibes son las siguientes:La sombra del ciprés es alargada: Presenta el dilema de si para ser feliz o mejor dicho, para no sufrir, es mejor evitar involucrarse en exceso con el mundo y con las personas que nos rodean, rehuir las emociones, o por el contrario, amar a pesar del sufrimiento que puede conllevar. El camino: Es también una de sus primeras novelas y representa el comienzo de un equilibrio en la obra de este autor. Daniel el Mochuelo hace una conmovedora evocación de su infancia la noche anterior a su partida a la ciudad para estudiar.Cinco horas con Mario: Es un monólogo sobre los recuerdos de una mujer que vela el cadáver de su marido. Es una de las obras más conocidas de Delibes ya que fue llevada al teatro con gran éxito de público y de crítica. Los Santos Inocentes: es una de las obras más populares de Miguel Delibes y también, una de las más leídas. Al igual que sucedió con Cinco horas con Mario alcanzó una gran popularidad por la rigurosa adaptación que realizó Mario Camus para el cine. Es una obra que refleja muy bien las desigualdades sociales, especialmente en el medio rural. Mi idolatrado hijo Sisí: Esta obra también fue llevada al cine con el título Retrato de familia. Narra el clima previo a la guerra civil, en una ciudad de Castilla donde se cruzan intereses reaccionarios y democráticos. El príncipe destronado: En un tono algo más desenfadado del que nos tiene acostumbrados Miguel Delibes, nos cuenta la historia de un niño que se siente desplazado ante la llegada de su nueva hermana. Lo mejor de la obra es como nos hace ver el mundo familiar del niño desde sus ojos. Señora de rojo sobre fondo gris: publicado en 1991, está dedicado a su mujer. En la sobrecogedora historia del personaje de Ana, podemos reconocer a su mujer, Ángeles, y la profunda historia de amor y admiración que tuvo con ella, e incluso, un homenaje póstumo. El Hereje: Respaldada por un excelente trabajo de documentación, refleja a la perfección el Valladolid de la época de Carlos V. Hace asimismo una apasionada defensa de la tolerancia y de la libertad de conciencia y pensamiento

Premios
· Premio Nadal en 1948 por La sombra del ciprés es alargada. · Premio Fastenrath de la Real Academia en 1957 por Siestas con viento sur. · Premio de la Crítica en 1962 por Las ratas. · Príncipe de Asturias en 1982. · Premio de las Letras de la Junta de Castilla y León en 1984. · Premio Nacional de las Letras en 1991. · Premio de Literatura en Lengua Castellana "Miguel de Cervantes" en 1993. · En 1999 obtuvo el Premio Nacional de Literatura de narrativa por El Hereje, premio que también se le concedió en 1955 por la obra Diario de un cazador. · Fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Valladolid (1983), Complutense de Madrid (1987), El Sarre - Alemania (1990) y Alcalá de Henares (1996). · Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de la República Francesa. 1985. · En 1993 la Diputación Provincial de Valladolid le otorga la Medalla de Oro de la Provincia.· En 1997 recibe el premio Brajnovic de la Comunicación, otorgado por la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra.· En 1999 se le concede la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo.

Con su prosa ha salvado la lengua viva, y contribuido a conservarla. Puso en pie unos personajes de carne y hueso, y les infundió aliento


Una frase de Miguel Delibes:
"Para el que no tiene nada,la política es una tentación comprensible,porque es una manera de vivir con bastante facilidad"


P.D.: esto frase, que gran frase, me recuerda a unos cuantos politiquillos de nuestro Democracia que lo más importante, ara éstos, es VIVIR a costa de no hacer nada o casi nada... ZP me imagino que te verás reflejado.